Hay un mito común en nuestra comunidad: “Si llevo tantos años aquí y mi familia es ciudadana, ya nadie me va a deportar”.
Pero una decisión reciente de la Junta de Apelaciones de Inmigración (BIA) demuestra que eso no siempre es así.
El caso, “Matter of Germain”, fue decidido el 6 de abril de 2026.
Te contamos qué pasó, qué decidió la BIA y qué lecciones nos deja este caso real.
Qué pasó
El protagonista del caso era residente legal permanente, originario de Haití. Vivía en Estados Unidos desde 1986 y tenía su Green Card desde 1997.
Tenía muchos factores a su favor. Su familia inmediata y extendida (incluido su hijo) eran todos ciudadanos o residentes legales. Además, aportaba a la comunidad entrenando como voluntario los equipos deportivos de su hijo.
Estaba en proceso de deportación y solicitó la cancelación de remoción, un alivio que permite a ciertos residentes evitar la deportación si el juez decide, a su discreción, que se lo merecen.
En diciembre de 2018, un juez de inmigración le concedió la cancelación de remoción. Pero el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) apeló.
El historial criminal que pesó
La BIA reconoció todos los factores a favor del solicitante, pero del otro lado de la balanza había un historial extenso:
- Dos condenas por agresión y lesiones (“assault and battery”) en 2003 y 2007.
- Tres condenas relacionadas con armas de fuego en 2008, por las que cumplió 18 meses de prisión.
- Un cargo en 2000 por huir de la escena de un accidente con daños a la propiedad.
- Dos cargos en 2013 y 2014 por conducir un taxi sin licencia (desestimados).
- Una citación de 2014 por amenazar con cometer un delito contra un gerente de hotel (no terminó en condena).
Las dos condenas por agresión y lesiones se resolvieron como “continued without a finding”. Esta es una figura procesal de Massachusetts que se considera favorable en el sistema penal local, porque no queda registro de una condena en el expediente penal.
Pero la ley de inmigración tiene su propia definición de condena y, para efectos migratorios, igualmente cuentan.
Qué decidió la BIA
La BIA aceptó la apelación del DHS, anuló la cancelación de remoción y ordenó la deportación a Haití.
La BIA concluyó que el juez de inmigración no le había dado suficiente peso a todo el historial.
Aunque algunos cargos fueron desestimados, la conducta de fondo sí podía considerarse en el análisis discrecional. Y eso mostraba un patrón: alguien que siguió desatendiendo las leyes incluso después de salir de prisión.
Además, la BIA destacó la falta de remordimiento y aceptación de responsabilidad. El acusó minimizó sus agresiones, negó haber amenazado al gerente del hotel y negó haber causado daños en el accidente de 2000, todo en contra de lo que decían los reportes policiales.
Su testimonio de que la prisión había sido difícil para su familia no se consideró arrepentimiento.
Y su argumento de “no me han vuelto a condenar desde 2009” no convenció a la BIA, porque sí hubo conductas problemáticas después.
Las lecciones que deja este caso
– Tener la Green Card no es para siempre
Muchos creen que, una vez obtenida la residencia, ya están blindados. No es así. La residencia se puede perder, sobre todo cuando hay antecedentes penales de por medio. El paso del tiempo no borra el riesgo de deportación.
– La cancelación de remoción es discrecional, no automática
Cumplir los requisitos básicos (años como residente, tiempo en el país, no tener ciertos delitos descalificantes) no garantiza la concesión. El juez tiene que decidir si la persona “merece” el alivio sopesando lo positivo contra lo negativo. Y, como muestra este caso, hasta una decisión favorable en primera instancia puede ser revertida en apelación.
– Los cargos desestimados también pueden contar
Este es uno de los puntos más importantes. Mucha gente piensa: “Ese cargo se cayó, no me afecta”. En inmigración eso no siempre es cierto. Aunque un cargo no termine en condena, la conducta detrás del cargo puede ser considerada en decisiones discrecionales. Un arresto, un reporte policial o una citación pueden seguir pesando, aunque el caso criminal se haya cerrado a tu favor.
– Lo “favorable” en lo penal puede ser devastador en inmigración
Figuras como “continued without a finding” suelen aceptarse porque evitan antecedentes en el sistema local. Pero la ley de inmigración tiene su propia definición de condena, y este tipo de resolución sí cuenta como condena migratoria. Antes de aceptar cualquier acuerdo en un caso penal (especialmente si no eres ciudadano) es indispensable consultar con un abogado de inmigración, no solo con el penalista. Lo que es buena estrategia en una corte puede ser un desastre en la otra.
– El remordimiento importa, y mucho
En audiencias discrecionales, lo que dices sobre tu propio pasado puede ganar o perder tu caso. El solicitante perdió, en parte, porque minimizó sus delitos y negó hechos documentados. La BIA dejó claro que hablar de cómo la prisión afectó a la familia no es lo mismo que reconocer haber hecho daño. Asumir responsabilidad de manera honesta es fundamental. Y minimizar conductas o contradecir evidencia documentada puede afectar seriamente la credibilidad y la percepción de rehabilitación.
– “No tengo nuevas condenas” no equivale a rehabilitación
El argumento de que no hay condenas nuevas desde cierta fecha no basta si hubo otras conductas problemáticas en el medio. La rehabilitación real se demuestra con un cambio sostenido y documentado: programas completados, terapia, trabajo estable, cartas de apoyo, actividades comunitarias. Hay que construir la rehabilitación como evidencia, no solo afirmarla.
– Los factores a favor no son un escudo
Casi 40 años en el país, familia entera de ciudadanos, voluntariado comunitario… y aun así fue deportado. Los vínculos con el país ayudan, pero pueden ser superados por antecedentes penales mal abordados.

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