Conseguir un empleo en Estados Unidos requiere esfuerzo, pero conservarlo también implica conocer ciertas reglas.
Muchos trabajadores creen que mientras hagan bien su trabajo no tienen nada de qué preocuparse.
Sin embargo, existen situaciones que pueden poner en riesgo un empleo incluso cuando el desempeño es satisfactorio.
En casi todos los estados, la relación laboral se rige por el principio de empleo “at-will“. Esto significa que tanto el empleador como el trabajador pueden terminar la relación laboral en cualquier momento y por casi cualquier motivo, siempre que no se trate de una razón ilegal (como la discriminación o las represalias).
En este artículo, repasamos los 7 errores que muchos trabajadores pasan por alto y que pueden costarles el empleo.
En algunos casos, además, estas situaciones pueden tener consecuencias migratorias.
1. No mantener vigente tu autorización de trabajo
Muchos documentos que te permiten trabajar en Estados Unidos tienen una vigencia limitada. El caso más común es el permiso de trabajo (EAD) aprobado por el Servicio de Ciudadanía e Inmigración (USCIS).
También existen visas y otros estatus migratorios que autorizan el empleo por un período determinado.
Si tu autorización para trabajar expira y no obtienes una renovación o extensión válida a tiempo, puedes perder el derecho legal a continuar trabajando. En esa situación, tu empleador no podrá seguir empleándote legalmente, aunque esté satisfecho con tu desempeño.
La renovación no siempre es inmediata: los trámites llevan tiempo y un retraso puede dejarte sin cobertura legal durante semanas.
Controlar las fechas de vencimiento y empezar la renovación con anticipación es la mejor forma de no quedarte sin empleo por un descuido administrativo.
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2. Compartir información confidencial de la empresa
Buena parte de la información que manejas en el trabajo está protegida legalmente.
Los secretos comerciales son un tipo de propiedad intelectual que abarca fórmulas, métodos, procesos, diseños y otros datos que le dan a la empresa una ventaja competitiva, siempre que el dueño tome medidas razonables para mantenerlos en secreto.
No toda la información llega a ser un secreto comercial, pero la información confidencial también recibe protección, por ejemplo, mediante acuerdos de confidencialidad.
Divulgar documentos internos, datos de clientes o información financiera sin autorización es una conducta que con frecuencia da lugar a medidas disciplinarias o al despido.
3. Publicaciones inapropiadas en redes sociales
Existen protecciones que permiten a los trabajadores hablar de sus condiciones laborales.
La Ley Nacional de Relaciones Laborales (NLRA) ampara la “actividad concertada”, es decir, cuando los empleados se comunican entre sí o en nombre de sus compañeros sobre temas como el salario o las condiciones de trabajo.
Pero esta protección tiene límites. Un comentario que no esté relacionado con condiciones laborales colectivas suele tener menos protección. Y, como la mayoría de los empleos son “at-will”, el empleador puede terminar la relación por casi cualquier motivo.
La empresa no puede prohibirte criticar tus condiciones de trabajo, pero sí puede prohibir publicaciones falsas o difamatorias sobre el negocio.
Los comentarios discriminatorios, las amenazas o el acoso a compañeros también pueden derivar en sanciones o en el despido.
4. Trabajar fuera de los límites que permite tu visa
Para inmigración, “trabajo” no es solo tener un empleo formal con cheque de pago: si prestas un servicio o realizas tareas productivas que normalmente haría un empleado, estás trabajando, aunque no te paguen. Cada visa tiene reglas propias sobre qué empleo está permitido.
Algunos ejemplos de trabajo no autorizado:
- un estudiante con visa F-1 que trabaja fuera del campus sin la autorización correspondiente;
- alguien con visa H-1B que acepta un segundo empleo de un empleador que no patrocinó su visa, o
- un dependiente con visa J-2 o H-4 que sigue trabajando después de que vence su permiso.
Salir de los límites de tu visa puede costarte el puesto y, de paso, poner en riesgo tu estatus.
5. Falsificar horas trabajadas o gastos
Algunas conductas que parecen menores pueden considerarse fraude o deshonestidad, y la deshonestidad es un motivo legítimo de terminación laboral.
Registrar horas que no trabajaste, pedirle a un compañero que marque tu entrada o salida, tomar descansos más largos de lo permitido sin reportarlos o presentar gastos falsos para reembolso entran en esta categoría.
El fraude de horas no siempre se clasifica como delito grave, pero puede traer consecuencias serias según el caso y las leyes aplicables.
Entre las posibles sanciones están el despido, la obligación de devolver los salarios cobrados de más y, en algunos casos, multas o cargos penales cuando se considera una forma de robo.
6. Ignorar las políticas obligatorias de la empresa
Las empresas suelen tener reglas internas de cumplimiento obligatorio, como capacitaciones de seguridad, protocolos de trabajo y políticas contra el acoso.
No seguirlas puede interpretarse como insubordinación o incumplimiento de las normas de la empresa.
En los casos más graves, ignorar protocolos de seguridad y poner en riesgo a tus compañeros puede considerarse falta grave (“gross misconduct”) y dar lugar a un despido inmediato.
Por eso conviene conocer y respetar las políticas que tu empleador define como obligatorias, aunque te parezcan simples formalidades.
7. Uso indebido de los equipos de trabajo
Las computadoras, los correos electrónicos y los teléfonos corporativos suelen ser propiedad de la empresa y estar sujetos a monitoreo.
En general, los empleados tienen una expectativa limitada de privacidad cuando utilizan equipos y redes de la empresa, especialmente si existen políticas que informan sobre el monitoreo.
Esto significa que tus mensajes en el correo de la empresa pueden ser revisados conforme a las políticas de monitoreo de la empresa y la legislación aplicable.
Usar los equipos de trabajo para fines indebidos puede exponerte a sanciones o al despido.
Y esto NO es motivo legal para despedirte
Así como hay conductas que pueden costarte el trabajo, la ley también marca límites claros sobre lo que un empleador no puede hacer.
El empleo “at-will” permite terminar la relación por casi cualquier motivo, pero no por un motivo ilegal. Conocer estos límites te ayuda a distinguir un despido válido de uno que vulnera tus derechos.
No es legal que te despidan por discriminación, es decir, por tu raza, sexo, edad (de 40 años en adelante), origen nacional, religión, discapacidad o información genética.
Tampoco pueden despedirte como represalia por reportar prácticas ilegales o inseguras en el trabajo, ni por negarte a participar en actividades ilegales. Quienes denuncian irregularidades de la empresa (“whistleblowers”) cuentan con protecciones específicas.
Existe además una figura llamada despido encubierto: ocurre cuando el empleador crea de forma deliberada un ambiente de trabajo hostil para forzarte a renunciar. Aunque no haya un despido formal, la ley puede considerarlo igualmente improcedente.
Y si trabajas bajo un contrato firmado, terminar la relación en contra de lo que ese contrato establece puede constituir un incumplimiento.
Las protecciones contra la discriminación y las represalias tienen excepciones y requisitos específicos, por lo que cada caso debe analizarse según sus circunstancias particulares.
Si crees que te despidieron por alguna de estas razones, conviene reunir evidencia y buscar orientación legal para evaluar tus opciones.

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