Los contratos sostienen casi todas las relaciones comerciales y personales. Definen obligaciones, fijan expectativas y dan seguridad a quienes los firman.
El problema aparece cuando una de las partes no cumple lo que prometió. Esto puede traducirse en pérdidas económicas, oportunidades desaprovechadas y relaciones de negocio dañadas.
La ley estadounidense ofrece varios caminos para reclamar y recuperar lo que te corresponde.
Veámoslo.
Qué es un incumplimiento de contrato
Hay incumplimiento cuando una parte que firmó un contrato no cumple las obligaciones que prometió.
Para que haya un contrato, no hace falta haber firmado un documento extenso ante un notario.
En muchos casos, un acuerdo verbal o uno basado en correos electrónicos puede constituir un contrato válido, siempre que reúna los elementos exigidos por la ley aplicable:
- una oferta;
- su aceptación;
- una contraprestación (algo de valor que se intercambia), y
- la intención mutua de obligarse.
Existen, eso sí, excepciones. Bajo la llamada “Statute of Frauds”, ciertos acuerdos deben constar por escrito para poder exigirse.
Esto suele incluir, entre otros:
- la compraventa de bienes raíces;
- los contratos que no pueden cumplirse dentro de un año, y
- las promesas de pagar la deuda de un tercero.
Si tu acuerdo verbal no entra en estas categorías, todavía puedes hacerlo valer con correos, mensajes de texto, testigos o pruebas de que una parte ya empezó a cumplir.
Los tipos de incumplimiento
No todos los incumplimientos pesan lo mismo, y el tipo determina qué remedios puedes pedir.
Un incumplimiento material afecta el corazón del contrato. La parte perjudicada nunca recibe lo prometido o recibe algo muy distinto de lo pactado. En estos casos puedes reclamar una indemnización e incluso dar por terminado el acuerdo.
Un incumplimiento menor o inmaterial viola el contrato sin frustrar su propósito.
Si una empresa entrega los bienes pactados, pero con una semana de retraso, el alcance dependerá de la importancia que el plazo tenga dentro del contrato.
Ese retraso puede ser un incumplimiento menor o, si el plazo es esencial, uno material. Cuando es menor, puedes tener derecho a daños, aunque sigues obligado a cumplir tu parte.
Un incumplimiento anticipado ocurre cuando una parte deja claro, con palabras o con hechos, que no va a cumplir antes de que venza el plazo. En ese escenario no tienes que esperar la fecha límite: puedes reclamar de inmediato.
Los remedios disponibles
El objetivo central del derecho de contratos es dejar a la parte perjudicada en la misma posición económica que habría tenido si el incumplimiento nunca hubiera ocurrido. Por eso, el remedio más común es la indemnización en dinero.
Los daños compensatorios cubren la pérdida directa. Si te prometieron una comisión del 10 % sobre una operación de 500.000 dólares y no te pagaron, podrías reclamar esos 50.000 dólares.
Los daños consecuentes cubren las pérdidas indirectas que eran previsibles al momento de firmar, como una oportunidad de negocio que se cayó por el incumplimiento.
Eso sí, no basta con que la pérdida fuera previsible. También hay que probar que el incumplimiento la causó y demostrar el monto con una certeza razonable, porque las reclamaciones demasiado especulativas suelen fracasar.
A diferencia de los casos de lesiones, los tribunales rara vez conceden daños punitivos por un incumplimiento de contrato. Por lo general, consideran que la indemnización compensatoria es el remedio adecuado para la mayoría de los incumplimientos, y reservan los daños punitivos para conductas especialmente reprochables.
Si el dinero no basta, el tribunal puede ordenar el cumplimiento específico, es decir, obligar a la parte incumplidora a ejecutar lo pactado. Este remedio se reserva por lo general para bienes únicos, como un inmueble. En casos graves, un tribunal también puede ordenar la rescisión y dejar el contrato sin efecto.
Las partes pueden anticiparse a todo esto con una cláusula de daños liquidados, que fija de antemano cuánto deberá pagar quien incumpla. Estas cláusulas ahorran el proceso costoso de calcular el daño real. Pero un tribunal puede negarse a aplicarlas si la suma fijada no guarda una relación razonable con los daños previsibles al momento de contratar y opera como una penalidad.
El deber de mitigar el daño
Aunque hayas sufrido un incumplimiento, la ley te pide adoptar medidas razonables para reducir tus pérdidas.
Quien compró equipo confiando en un contrato que luego se rompió, por ejemplo, podría tener que intentar revenderlo antes de reclamar su costo.
Qué medidas resultan razonables depende de cada caso, pero no hacer ese esfuerzo puede costarte el derecho a recuperar esos montos.
Cómo probar el incumplimiento
Para ganar un caso necesitas demostrar cuatro elementos:
- Que existía un contrato válido, aunque fuera verbal.
- Que cumpliste tu parte o estabas listo para hacerlo.
- Que la otra parte no cumplió la suya.
- Que ese incumplimiento te causó un daño medible.
Las pruebas más útiles suelen ser correos, mensajes, facturas, recibos, registros de pago y el testimonio de quienes presenciaron el acuerdo.
Conviene reunir todo esto cuanto antes.
Las defensas y los plazos
La otra parte también puede defenderse.
Entre los argumentos más frecuentes están:
- la imposibilidad de cumplir;
- el error mutuo sobre un dato esencial;
- el fraude que vició el consentimiento, y
- el incumplimiento previo de quien ahora reclama.
La imposibilidad, sin embargo, tiene requisitos exigentes: un hecho imprevisto que apenas vuelve el contrato más caro normalmente no excusa el cumplimiento.
A esto se suma el plazo para demandar. El plazo de prescripción (“statute of limitations”) varía según el estado. Suele ir de tres a seis años, y los contratos regidos por el Uniform Commercial Code (Código Comercial Uniforme) pueden tener reglas distintas.
Dejar pasar el tiempo puede costarte el caso, así que conviene actuar pronto y revisar tu situación con un abogado antes de dar cualquier paso formal.

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